jueves, 29 de enero de 2015

Lo que a nadie le importa



"De ti no quiero ni que me cierres los ojos" José Molina.

Es la frase. Esa que se clava en las entrañas y te hace escribir un libro. O eso debió pensar Sergio del Molino, de esa frase se ha sacado un emocionante libro sobre su abuelo: José Molina. Si lo que piensan encontrar es la historia épica de un superviviente de la guerra civil, un tipo que salvó pueblos, se ligó a cien mujeres y pasó la vida recordando la guerra, se equivocan, porque la vida de José Molina fue una vida corriente, luchó en la guerra, es cierto, pero del 36 al 39 pocos se libraron de luchar en la guerra civil. Y algunos volvieron del frente. Lo que a nadie le importa, por cierto a mí sí me ha importado, no deja de ser el reflejo de la sociedad de la guerra y la posguerra española. Y por eso importa, porque a partir de su lectura nos planteamos nuestro propio pasado, esas raíces que se hunden en el los treinta y que nos hace ser como somos. Nuestro  pasado no deja de ser algo con lo que cargamos en el presente y que nos condiciona el futuro.
Pero Lo que a nadie le importa es también la juventud de Sergio del Molino, comparar Francia y España, sus juergas, sus paseos por Zaragoza o Madrid, su vida.
Cuando leí La hora violeta me quedó esa sensación de leer a alguien que se desnuda en un folio, y me ha vuelto a pasar con Lo que a nadie le importa. Y cuando Sergio del Molino se desnuda en el folio le salen historias emocionantes y conmovedoras. Y claro, a mí me gusta que me conmuevan y me emocionen. Es lo que prefiero al leer. Emocionarme y conmoverme.
Claro que la narración de la vida de José Molina además de emocionarme me ha hecho  pensar. Y eso también me gusta mucho. Pensar en los míos, pensar en lo poco que conozco de la guerra civil pese a haber leído bastante sobre ella, pese a que sea uno de esos temas obsesivos que me persiguen. De la  guerra, lo hablaba ayer con el autor, solo  nos cuentan la épica -sobre todo la épica republicana- pero no nos han contado el sufrimiento de un chaval que con diecisiete años lo levaron para luchar en el frente del Ebro, para ser masacrado. Nadie se ha pasado a pensar en ese chaval, o en el soldado que enfrente fumaba sabiendo que iba a salir vencedor, por experiencia, porque tenía que volver a casa. Nadie nos ha dicho que luchaban porque los levaban obligatoriamente y que muchas veces nada tenía que ver con lo que el soldado pensara o sintiera. Y eso es lo que nos cuenta Sergio del Molino en Lo que a nadie le importa. Una historia de España diferente, pegada a la tierra y la excusa es contarnos la historia de su abuelo.

José Molina nació en Bubierca. Y las cosas que Sergio cuenta en la novela me han trasladado al pueblo de mi padre, otro villorrio cerca de Calatayud, Quizá por eso me ha resultado cercano. Eso de reírse de un hijo que va a estudiar de adulto, no sé, eso lo he vivido, eso como cuando una mujer cogía el coche en los setenta. Ese ¿a dónde irá esa con el coche?, como si el manejo del automóvil tuviese sexo. No sé cómo expresarlo, pero me ha resultado cercano.  Pero no es sólo la empatía de pertenencia a villorrios lo que me ha gustado del libro. Es la historia que necesitamos recuperar, la que les debemos a ellos –los que lucharon- y la que nos debemos a nosotros  -los que no vivimos la guerra, ni la posguerra-. Es la historia que merecemos recuperar .



jueves, 8 de enero de 2015

Masa

“El hecho de que gigantes de internet como Facebook o Google ofrezcan todos los servicios básicos  de la red, como correo electrónico, vídeo-conferencias y noticias, para que nunca tengas que salir de sus dominios, va contra la lógica de esa red abierta que predican. Hyun-Ki ve un peligroso paralelismo con el tipo de redes cerradas que forman los integristas musulmanes, de forma que nadie tenga nunca acceso a sitios web que difunden ideas distintas”.

Joost Vandecasteele me sorprendió gratamente con Por qué el mundo funciona perfectamente sin mí. Recuerdo que tras leerlo decidí volver a sus letras en cuanto pudiese, y la ocasión no ha tardado en presentarse.  Masa ha sido un fenómeno editorial en Bélgica, aquí creo que también ha recibido premios. Pero si yo he decidido escribir de Masa no es por eso,  quizá no tiene el punch de Por qué el mundo funciona perfectamente sin mí,  es un pelín más lento pero plantea una distopía muy interesante, una sociedad en guerra tecnológica manejada por una conspiración de empresas encarnadas en Blurred Inc. Lo interesante del planteamiento es que cuando uno lee Twitter o Facebook, cuando mira foros, cuando simplemente navega o hace un inocente test deja sus datos en la red. Una red que acumula datos, que pone a disposición de cualquiera nuestras preferencias y que bien pueden servir para crear informes de consumo o incluso y es lo que Vandecasteele plantea crear de esos datos bulos que influyan en mercados o incluso en revoluciones.
Todos opinamos, todos influimos en los otros, incluso nos creemos lo que leemos. Las opiniones no formadas, las informadas, incluso las que sí tienen poso, se mezclan en la red de redes creando opiniones. Es más me atrevo a decir que muchos, quizá entre los que yo esté, tomamos noticias de la red y las transformamos en verdades.  Masa nos plantea ese futuro y como nos influencia la red. Le damos tanto poder que somos el objeto perfecto para transformar nuestra individualidad en masa. Todas las revoluciones necesitan una masa que las arrastre, ahora esa masa nacería de internet.
En sus páginas encontrarán un futuro que posiblemente no se cumpla pero bien montado sobre fenómenos que ahora aparecen en las noticias: Anonymous, Julian Assange o los indignados españoles.

Léanlo y plantéense ustedes mis dudas. Háganlo.  Luego intenten separar la paja del trigo y plantéense que quizá alguna de las noticias que nos acosan no son más que bulos que interesan a alguien. Ahora, mientras escribo, recuerdo toda la crisis de la prima de riesgo en España y casi me doy cuenta que los mercados también se basan en bulos.  Evidentemente no creo que haya una conspiración para cambiar la historia, no soy tan lerda, pero si me he planteado muchas veces que estos periódicos digitales que inundan muros en Facebook, y que tanta gente lee basan sus noticias en rumores, crean la noticia y nosotros nos la tragamos hasta la empuñadura.
Me parece una buenísima novela para reflexionar.  ¡Qué la disfruten!


lunes, 8 de diciembre de 2014

Letras de Tinta



 “Porque, con la crisis, que yo muera supone una alegría para alguno, un esperanza de que quizá mañana cambiará su vida, llevará pan a casa para la cena”. 


 Cuando se lee una colección de relatos siempre buscamos la conexión, no sé, esa corriente que navega por debajo de todos y los une. En Letras de Tinta Lourdes Aso Torralba nos plantea once relatos diferentes, sí, con algunos elementos comunes pero unidos por el humor y la ironía.
 Sonrisa sardónica al leer Anuncio por palabras o carcajada directa al imaginar lo que ocurre en Ley Justa. Creo que el humor es importante, no sé porque siempre he pensado que las personas que carecen de sentido del humor en el fondo son unos pobres desgraciados, que desarrollan úlcera sangrante y se alimentan de apio crudo. 
Así que me encanta encontrarme con alguien que sí lo aprecia y es capaz de hacerte sonreír. Imaginen ustedes que se encuentran con un tipo buscando sus pulmones , ayer decidieron que estaban cansados de tanto tabaco que se fueron a dar una vuelta. Imaginen una reina tan cansada de proteger al rey que se larga directamente tambaleando la mesa y dejando la partida en tablas (hablamos de ajedrez, no piensen en otros reyes). Imaginen una bruja que amanece cincuenta años después de muerta y organiza todo un pueblo ( no me gustaría encontrarme con eso, pero caray la resurrección de la carne se le parece un poco). O finalmente siéntase un tipo recién muerto que ha de organizar su entierro. Es curioso muchos de sus relatos tienen humor macabro entre las venas de sus letras.
 No sé si Lourdes Aso Torralba, enfermera, ejercerá pero si que ese humor me recuerda mucho al que las estudiantes de medicina contaban en la mesa de mi residencia siempre que comíamos. Me aficioné a escuchar hablar de intestinos mientras devoraba unos ricos macarrones con tomate. Trabajar con cuerpos les llevaba a eso. 
Y leer a Lourdes Aso Torralba me ha llevado un poco a esas sobremesas. Me divertí mucho entonces y me he divertido con esta colección de relatos.
 Sin embargo hay tres relatos que nos muestran otra cara, El cuarto de la llave roja, Cuentas y números y Hold on, un pelín más intimistas, con algo de mala leche, la búsqueda de un sitio en el mundo les conecta. Un sitio vetado para quien acaba de perder a la mujer de su vida, o la madre que no le cuadran los números para sacar a la familia adelante con los vicios actuales. O un niño aficionado a calificar a las personas por sus zapatos que acaba buscando la felicidad lejos.
 Letras de Tinta sorprende, ironía, humor negro...en estos días previos a la navidad, lectura perfecta para imaginar un mundo lleno muertos que despiertan y quizá nos coloquen el árbol con alguna que otra sorpresa

jueves, 4 de diciembre de 2014

Los últimos









"Que somos los únicos habitantes de la urbanización. Los últimos quizá. Y, sin embargo, no estamos solos."


Quienes siguen el blog sabrán que yo no leo novela de género. No leo ficción. No leo novela romántica. No rozo apenas la novela histórica. En definitiva no es el género lo que me lleva a elegir una novela que leer. No elegí Los últimos por ser género ciencia ficción, que lo es, sino por el autor. La escogí por Juan Carlos Márquez. Me gusta cómo escribe Márquez. Mucho. Lo he disfrutado como un niño cuando monta en un carrusel. Lo he leído. Esa y no otra fue la razón que me llevó a elegir Los últimos como lectura.

Así que no esperen ustedes que hable de la novela de género porque simplemente no sé con qué compararla, es más, ni siquiera esperen que la juzgue, porque a mi no me interesan los juicios. A mí, de la literatura, me interesan las sensaciones. Y con Los últimos la sensación es extraña de inquietud, qué haría si fuese una de los últimos ante una raza emergente y violenta. 

Plantearse ese escenario, los últimos de una raza en el planeta es el argumento de la novela. Y pese a lo dramático de la situación, la lucha de salir del planeta, el acoso y derribo de los que vienen, Márquez logra resolverlo con alguna que otra sonrisa. Me gusta su humor negro y sangriento. No he podido dejar de reírme con la imagen de Miki Mouse tuneada con restos orgánicos. Me gusta su toque. Me gusta encontrar sexo en Marte. Me gusta el desasosiego de los personajes. Me gusta su final abierto. Me gusta que la esperanza no muera, incluso en circunstancias jodidísimas como  las que relata en Los últimos.

Me gusta leer a Márquez. Me gustó en Norteamérica profunda, Tangram, Los oficios o Lobos que reclaman la noche. Me ha gustado en Los últimos incluso cuando plantea un mundo devastado que se mira con la escopeta bajo el brazo y el cuchillo entre los dientes.

jueves, 27 de noviembre de 2014

La gota contra la primavera




" Un día me preguntaste qué me gustaba leer y dije que no lo sabía. Te respondí lo que siempre se dice: yo no soy de leer. Al día siguiente, envuelto en papel de regalo, me trajiste un ejemplar de El largo adiós de Raymond Chandler. Lo devoré."



Hay gente que lee y gente que no. Hay libros de todo tipo, los que cansan, los que aburren y  los que se devoran. Algunos, la mayoría, se narran siguiendo un orden cronológico de principio a fin. No es el caso. En La gota contra la primavera, Mario de los Santos narra una bella historia de amor  desde varios puntos de vista cronológicos. En sus páginas nos encontramos con un partido de fútbol entre los chavales de dos pueblos que da el pistoletazo de partida a una vida. Todos tenemos algún día que fue el comienzo de algo en nuestra vida. Y en este caso, es el partido. Un partido que vamos leyendo a lo largo de la novela, salpicado de otros recuerdos, y de algunos presentes. 
Es un libro de recuerdos y de sensaciones, narrado en una primera persona que recuerda a veces en tercera como quién ve una película. Es curioso, a mí en los recuerdos a veces me pasa lo mismo. Es como una película que pasa ante nuestros ojos. Una vez leí que es culpa del cine, que antes no se recordaba igual, que los recuerdos no eran cinematográficos. O quizá sí pero no tenían las palabras que necesitaban. 
Son los recuerdos de un amable anciano los que nos llevan de la mano por toda la novela, a través de sus ojos vivimos las heridas de la guerra civil, el amor adolescente, la separación, el nacimiento de los hijos, los ojos cansados que se posan en la nieta de dieciséis años que siempre cuenta con la complicidad del abuelo, el amor a la literatura y finalmente la resignación ante una muerte que se sabe cercana. 
Es todo lo que desearíamos en nuestra vejez, mirar con perspectiva  una vida bien vivida, exprimida y entender que en cada momento hemos hecho lo que deberíamos. La conciencia tranquila, esa que te permite dormir de tirón toda la noche y te hace cumplir años con alegría. Siempre he pensado que cada uno elegimos en cierto modo cómo vivir y cómo morir, y la sensación que La gota contra la primavera te deja es de paz  y tranquilidad. Gusta mirarse en los ojos del protagonista. Gusta saber que aunque su vida, pese a la dureza, supo vivirla que es algo que no se estila.
Es un libro que despierta sensaciones y encontrar autores que te despierten sensaciones y que gusten no es tan fácil en un mundo lleno de publicaciones, sinceramente muchas que apenas despiertan sensaciones o interés. 
Yo lo he disfrutado, mucho, ustedes... pueden hacer lo que quieran, acercarse a sus palabras o no.

Si les sirve mi opinión, acérquense y disfrútenlo.




martes, 28 de octubre de 2014

Los años de peregrinación del chico sin color




"Aunque logres ocultar los recuerdos o enterrarlos muy hondo, no puedes borrar la Historia. Más vale que te quede grabado: la Historia no puede borrarse ni alterarse".

Murakami es un autor de éxito. Es curioso. Curioso porque Murakami no es un autor de prosa sencilla, ni narra historias lineales. Sus personajes, con una brillantísima vida interior, distan mucho de los que encarnan otros superventas. El hecho de que Murakami sea leído por tanta gente me llama profundamente la atención. Con él me pasa un poco como con Enrique Vila-Matas. Son escritores peculiares y muy  leídos. 
Por supuesto a mí me gusta Murakami. Cuando leí Kafka en la orilla me sorprendió gratamente, y me prometí leer algo más de este autor.
En "Los años de peregrinación del chico sin color" nos habla de los años de formación, del paso inevitable de la adolescencia a la madurez y cómo los acontecimientos acaecidos en esos años te influyen profundamente en nuestra vida adulta. El futuro se enfrenta desde el pasado. El peso de la Historia personal nos abruma, nos condiciona y muchas veces necesitamos cerrar capítulos abiertos para poder seguir viviendo, para afrontar el futuro con garantía de éxito.
Sólo podemos encontrar la paz si hemos cerrado heridas y hemos logrado pasar página. No podemos enterrar el pasado. No podemos simplemente olvidarlo porque quieras o no siempre sale a la superfercie en forma de sueños o comportamientos anómalos. Nuestra historia personal no deja de ser como la Historia. No podemos simplemente tapar el pasado, cerrar los ojos, o fingir que no ha ocurrido. Siempre emerge. El iceberg asoma su pico. Los desprecios, las rupturas, el destierro se reflejan en nuestro comportamiento. Somos hijos de nuestro pasado pero a veces, y al chico sin color, le ocurre, es necesario volver y retomar lo pasado para cerrar heridas.

Narrado con el estilo de Murakami con líneas abiertas, historias entrelazadas que conforman la historia al final, es un libro totalmente recomendable para aquellos que leen para reflexionar, con un lápiz en la mano y una libreta de anotaciones en la otra
.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Los cuerpos extraños



“No vivimos en un mundo ideal, mi brigada. Vivimos entre la mugre, y con ella tenemos que hacer algo que valga mínimamente la pena.”

Hablar de Lorenzo Silva es hablar de un escritor  conocido. Estoy casi segura que la mayoría de ustedes han leído algo del autor, es más, es muy probable que hayan leído algo de la serie que hoy nos ocupa: Bevilacqua y Chamorro. Los cuerpos extraños es hasta ahora la última entrega. Más allá de la historia, en esta ocasión nos encontramos con una alcaldesa asesinada y con el reflejo de una historia de corrupción que suena demasiado real en un pueblo mediterráneo, lo que a mi más me interesa de Vila y Chamorro es su evolución personal. Cómo el paso del tiempo hace también mella en los personajes, cómo perdemos la inocencia, ellos también, cómo el tiempo no perdona y nos marca a fuego desamores y soledades. Dejamos atrás la frescura y nos metemos de lleno en el fango vital, en la mugre, en la rutina, nos hacemos mayores o viejos, elijan ustedes la palabra.

Vila y Chamorro se destapan en esta entrega adultos, quizá los vemos más cansados, con horizontes muy diferentes de las primeras entregas. Me gusta le evolución de los personajes, los hace creíbles, me gusta constatar el paso de los años en su forma de ver la vida y expresarse. Si siguiesen siendo inocentes, entusiastas, me parecerían poco creíbles y cuando leo novelas de este corte, sagas, me gusta ver como pasa el tiempo e imaginar arrugas y cambios de fisonomía. Y por supuesto un cambio en la forma de mirar el cielo y la vida. Igual a alguno de ustedes no les guste la evolución, prefieran leer con la mirada de los veinte en los ojos. Héroes inmortales. Personajes por el que el tiempo no pasa.
Pero a mí, que me gusta ver cómo el tiempo nos atenaza, nos moldea, nos transforma, leer el cambio me ha parecido un acierto.

Cómo me parece un acierto el modo que Silva introduce la situación política en sus novelas, cómo me gusta leer sobre  la realidad cotidiana en ellas. Uno sabe cuándo lee la serie de Vila que va a encontrar una visión del mundo, además de una buena novela policiaca. Sabe lo que encontrará lo que busca y eso es un valor.

He disfrutado de él este verano. Me parece una buena lectura en las noches calurosas. Todavía el calor aprieta. Seguro que alguno de ustedes encontrará refresco en “Los cuerpos extraños”


domingo, 22 de junio de 2014

Sobreexposición



 “Siempre he creído que las ciudades atravesadas por ríos sufren de un eterno mal, el de la tristeza”

Les voy a confesar una cosa: Me gustan los libros con corolario, ya saben, esas cuatro frases que culminan: Se terminó de imprimir en los talleres Menganito el 17 de diciembre de 2035 cuando el sol por primera vez amaneció por el Oeste. Aunque si Sobreexposición hubiese nacido con la luz cambiada sería uno de esos libros que reflejen los cambios trágicos de nuestra sociedad. Pero no. Sobreexposición no habla de cambios trágicos ni de grandes acontecimientos. Laura Bordonaba Plou sólo nos habla de nosotros, de ella, de usted que lee este pequeño comentario, de todos los que habitamos este mundo corriente en el que la luz se refleja en el cristal y el sol sale cada día por el Este. Nos habla de personas normales que cruzan ríos en ciudades que se dividen por ríos o campos llenos de tomillos. un libro.
Pregunta ediciones ha tenido muy buen tino al elegir esta zaragozana, joven, alegre y pizpireta  para publicar los dieciocho relatos que contiene Sobreexposición. Diferentes pero con un corriente lírica transitando entre las venas de sus letras.
Encontramos en sus palabras el reflejo de la luz que nos rodea. Lo que somos, lo que sentimos en la voz de Laura. El grato placer de la lectura, la adicción que me produce es por libros como éste.
Se agradece encontrar escritores como Laura Bordonaba.  Se agradece leer libros como éste. Yo creo que es por eso que leo, que es eso lo que busco al leer, simplemente el reflejo de la luz en otros ojos. Es lo que me gusta. Es la magia de la literatura.
Muchas veces me pregunto por qué precisamente no se buscan relatos o historias que nos cuenten la realidad de una forma, en los que la forma es tan importante como lo que cuentan. Me temo que nuestra sociedad ha perdido el gusto por las palabras, solo es importante lo que se cuenta no el cómo se cuenta. Pero creo que para que nos cuenten las palabras sirven solo a mitad. Nos pueden contar en  imágenes, pero no nos pueden trasmitir el lirismo de la vida con una imagen o al menos , no como lo hacen con una frase. La frase te permite evocar con tus recuerdos. La imagen te los crea. Laura Bordonaba evoca, despierta, y por supuesto narra, algo que hoy en día no es fácil de encontrar. Creo que es un libro indicado para quienes como yo, aman la literatura.

martes, 20 de mayo de 2014

La línea invisible del horizonte


“Como las gotas de agua que forman un río, cada ser humano y cada vehículo son distintos de los demás, aunque se comportan de manera idéntica”. 

 Cuando me enteré que Berges había escrito un nuevo libro, desee hacerme con él de inmediato y comenzar a leerlo. Cada uno tenemos nuestros escritores favoritos y a mi Joaquín Berges me conquistó con “Vive como puedas” y desde la lectura febril que me llevó alguna noche durmiendo poco decidí leer todo lo que este zaragozano escribiese. Beges tiene un modo peculiar de ver la vida, un modo peculiar de escribirla, como cada uno tenemos nuestra visión del mundo que habitamos, como cada uno nos enfrentamos a cada minuto o cada segundo de una forma, con una sonrisa en la boca o con un gesto de enfado. Berges siempre nos enseña en sus libros la alegría de vivir, también en éste aunque esta vez está escondido debajo de capas que van cayendo a lo largo de la lectura. Javier, ese neurólogo que huye después de la muerte repentina de su esposa, somos cada uno de nosotros, todos en un momento dado hemos deseado coger el coche y no parar de conducir hasta que la línea del horizonte se transforme en paisaje. Huir hasta que no quede gasolina en el depósito, hasta que el Pirineo se alce ante nosotros. Elegir un valle de Pirineo para perderse es la mejor elección que uno puede hacer. Allí uno se funde con la naturaleza . Allí no hay sino mallatas y guiñote. Allí el verde te cubre y el paisaje te transforma. Todos tenemos un lugar así en nuestras vidas, el regreso, el útero, el pueblo, la casa que vivimos en nuestra infancia. La felicidad intuyo. Porque cuando se han tenido infancias felices siempre huimos a ella, buscamos en sus sabores, en sus olores el reflejo de lo que fuimos para encontrarnos allí lo que ahora somos. Y el viaje de Javier concluye en el encuentro del adulto que es. Supongo que su huída tiene sentido. Su final también. Huir para regresar. Y mientras se encuentra camina por un pueblo apacible, pequeñito, dónde todo el mundo se cuida del vecino, un pueblo idílico. Un pueblo quizá como el que vivió en su niñez, muy parecido al que yo viví en la mía. Un pueblo que se vuelve idílico. Un pueblo que me ha recordado al Cycely de Dr. en Alaska. Un pueblo en el que me encantaría vivir si de verdad existiese. Un pueblo con sus secretos. Y Javier indaga en los ajenos y en los propios. Confesiones. Amantes. Naturaleza. “La línea invisible del horizonte” lo tiene todo. Algo que deberían no perderse. Incluso ustedes pueden querer aprender a jugar al guiñote. Me encantó el principio porque yo también juego a veces y siento gran satisfación cuando se juntan Rey y Jota. Siempre me he preguntado si esa figura que parece un mancebo enarbolando su palo será algo más…. En fin, no se lo pierdan. Reencuéntrense con lo que son ahora desde los ojos de otro. A veces, hace falta.

domingo, 4 de mayo de 2014

Un paso al frente


“En el Ejército eso es más que difícil: desde el mismo momento que un suceso afectaba a una persona, quedaba grabado en su historial, como si le cosieran una letra escarlata en su uniforme”

“Un paso al frente” es la primera novela de un teniente del Ejército español. Luis Gonzalo Segura de Oro-Pulido nos narra la historia de tres militares que se educan juntos y que luego coinciden en Afganistán. La narración es rápida, quizá no demasiado literaria pero por debajo de lo que les ocurre, la novela plantea un gran debate. Y es precisamente el debate de cómo se articulan nuestras fuerzas armadas lo que está haciendo de “Un paso al frente” un libro muy comprado y espero leído.
He de confesarles que lo que más me ha interesado de la novela es la denuncia de la corrupción que se establece en el Ejército. Y es más les confieso que es algo que no me ha sorprendido en un país como el que habitamos. Aquí, señores, el que no corre vuela, y permítanme acudir al refranero popular para plantearles mi idea de España. Todos –entiéndanme, la gran mayoría- nos planteamos nuestro beneficio por encima del beneficio de la sociedad. ¿Quién no se ha descargado un disco o un libro por qué el acceso a la cultura debe ser gratuito? ¿Quién no le ha comentado al carpintero que esa encimera sería mejor sin IVA por qué para que me lo roben otro ya lo defraudo yo? Reflexionen un  momento y luego contesten.
En este contexto ¿Les extraña que sigamos teniendo unas fuerzas armadas como las que nos plantea Luis Segura? ¿Les extraña que quien ostente el poder no lo suelte e intente por todos los medios enriquecerse de modo fraudulento? ¿Les extraña que se comporte como un señor feudal si puede hacerlo?

A mi no me extraña. Lo triste no es que esto pase, lo triste es que aunque pase no tengamos instrumentos que permitan controlar eso, lo triste es que eso no pase solo en el Ejército, lo triste es que pase en todos los ámbitos de la sociedad. Lo triste es que vivimos en un país que no tiene separación de poderes y que los instrumentos fiscalizadores –la justicia- está supeditada siempre al poder político. Y eso es lo que creo que debe de cambiar, y eso es lo que Luis Segura se plantea y por eso dice haber escrito el libro. Personalmente me parece loable. Creo que nos merecemos un país mejor. Al menos merecemos saber que la justicia funciona. Necesitamos como sociedad escuchar y saber los problemas que tenemos y también necesitamos cambiar. Me gustaría vivir en un país con transparencia en sus instituciones y con ciudadanos comprometidos socialmente. Algo complicado, quizá una utopía. Algo que quizá Luis Segura con un libro como “Un paso al frente” pueda empezar y conseguirlo. Le deseo mucha suerte. Y deseo también que todos nos planteemos algunas cosas al leerlo. Lean,  piensen, cambien.