jueves, 31 de mayo de 2012

Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea

"Los libros son mejores amigos que las personas decía el bibliotecario. A mí no me lo parece"

Annabel Pitcher nos plantea algo muy curioso en "Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea", la vida de un niño de diez años que pierde su hermana en un atentado terrorista musulmán. Y es curioso ver cómo piensa Pitcher que un niño vería eso y lo bien que lo hace. Acabas creyendo que realmente te cuenta la historia un niño de diez años. Y a través de sus ojos ves la vida, una vida sin una hermana perdida hace cinco años, todo un mundo para un niño tan pequeño, de la que apenas se acuerda, pero tan presente en los gestos de los padres, en la separación de la familia o en la mirada de su gemela que llena su vida. Porque las desgracias, sucedidas en un minuto, llenan la vida de los adultos y de los niños aunque no se acuerden, aunque no quieran acordarse o aunque lo vivido sea un mal sueño temporal. Las llenan en el reflejo del adulto, en su dolor, en sus gestos y en su derrota. Y al sentirse derrotados pasean entre alcohol y affairs. Y eso nos cuenta Pitcher, el abandono al que se ve sometido Jamie. A su deseo sobre todo de ser hijo, de que su madre sea el pilar en que agarrarse aunque haya desaparecido. A que su padre sea un pilar sustitutivo pese a las botellas de vodka en la basura. Y casi toda la novela anda de la mano de Jas, la gemela superviviente, que vive sin sombra, pero se ocupa del Jamie, que le hace la tarta de cumpleaños, que le acompaña en el gran partido de fútbol, en una palabra, que ejerce de madre y padre.
Es una novela que nos habla sobre todo de sentimientos, de las pequeñas miserias de la niñez. ¿Quién no lo ha pasado mal en el colegio? ¿Quién no ha sido el paria y se ha sentado en el pupitre de atrás? Pero además Jamie vive en un estado de invisibilidad permanente. Sólo vive su hermana  Rose, la hermana muerta.  Y sus cajas de sagrado y su urna encima de la chimenea. Y es en ese momento en el que planteas qué harías tú si uno de tus hijos tuviese la terrible desgracia morir. Algo implanteable. Algo demasiado doloroso hasta para ser pensado. Porque la vida no sigue. Y al padre de Jamie le cuesta cinco años librarse de un fantasma permanente. Y a cualquiera de nosotros quizá más tiempo. Y Jamie al final entiende lo que es la muerte cuando muere su gato. Del dolor de la pérdida. Del terrible vacío en el hueco del estómago. Ese final reconciliador, el darse cuenta que pese a las dificultades su padre está a su lado hizo que saltasen mis lágrimas. En parte porque ante la desgracia yo no tengo claro que camino cogería, si preferiría la huída como la madre o permanecer anclada a una urna y una botella.
Me ha gustado mucho. Es terrible que los hijos o los hermanos vivan encima de la chimenea. Es terrible lo que puede pasar. Y no se pierdan si deciden leerlo, la relación entre Jamie y la Chica M, una musulmana que no debe ni puede cargar con la culpa de los terroristas, y piensen que quizá en nuestro maniqueísmo todos tenemos enemigos invisibles que se tornan en amigos si miramos debajo del hiyab o de la ideología.

lunes, 28 de mayo de 2012

Beatus Ille

"Las cosas existen sólo si hay alguien, un interlocutor o un testigo que nos permita recordar que alguna vez fueron ciertas"

Beatus Ille es la primera novela de Antonio Muñoz Molina. Cero que a estas alguras todo el mundo conoce a Muñoz Molina, pero en esta novela nos encontramos con el mágnifico resplandor del principiante, ese gusto a novedad, a riesgo que traen consigo las primeras novelas. Al leer sobre Mágina, sobre Minaya, sobre Inés, sobre una visión de la guerra civil, sobre el amor en párrafos interminables que deseas no acaben nunca, descubres el maravilloso autor que luego ha sido. 
Me gusta leer primeras obras, vislumbrar el riesgo que el joven corre, ver al autor novel en noches de vigilia escribiendo sobre Solana o Minaya. 
Es mi segunda lectura de Beatus Ille. Guardaba en mi recuerdo las noches de balcón, los cigarros en la biblioteca, triángulos amorosos que luego en la segunda se han confirmado. Creo que tampoco es momento de hablar de argumentos o recursos literarios. Más que nada porque es una novela lo suficientemente conocida para que la mayoría de ustedes la hayan leído o al menos se hayan acercado a su argumento desde Wikipedia o cualquier otro documento.  Los que lo hayan leído, estoy segura, se habrán entusiasmado con ese final redondo que explica toda la novela, con la que descubres que la redondez no siempre es mala, al contrario que es maravillosa. 
Es un libro que hay que terminar para entender, quienes lo abandonan se quedan sin saber lo que sucede, sin entender quién es el asesino pero sin saber tampoco quién nos cuenta la historia. 
Anímense a descubrirlo, a releerlo, a pensar en Solana, en la poesía , en las letras, en el escritor acosado por las dudas, en la historia, en las historias pequeñas de la guerra civil, en los pueblos, en los caminos, en los olivares. Recorran Mágina, sigan su senda aunque les cueste leerlo, porque el final les dará la dimensión de la obra y descubrirán el secreto guardado.
Es un libro maravilloso que permite reflexión, pos-it y subrayados. Uno no puede pedir nada más a la literatura. Uno no puede más que disfrutar y hacer comentarios, sugerencias, perderse en las letras y llenar los ojos de literatura, de historia y de maravillosas frases que formarán parte de tu ideario personal. ¿No creen?

lunes, 21 de mayo de 2012

Segunda residencia


" Miriam les cuenta que la casa la construyó él con sus propias manos. Les cuenta que apilaba las pideras los días de lluvia, para que se empapasen bien antes de soldarlas al cemento. Les cuenta que está en el límite entre dos regiones, un lugar mágico, habitado de espíritus, de meigas".

No tengo una segunda residencia, pero si la tuviese me encantaría tener una casa entre dos regiones, mágica y llena de meigas. Y los llevaría a ellos, a Paula que acaba de tener un hermanito y le pondría chocolate con churros y hablaríamos del colegio, de las monjas. Y me sentaría con Olga en el salón en zapatillas de estar en casa, nos beberíamos una botella de champagne y hablaríamos del bombero o del vecino de abajo. Luego llegarían Maribel y él, el futuro ingeniero y me hablarían de la universidad, de la juventud, de los proyectos. Y sonreíriamos mientras recordamos tiempos pasados. Al cerrar la puerta, Raquel pondría un pie y me hablaría del bar de Fran y de su trabajo oscuro y clandestino. "No sabes lo horrible que es atender el teléfono y ocultárselo a Fran". Seguramente la entendería, porque todos tenemos algo clandestino en nuestra vida, algo que ocultamos al resto.  Y vendría Teresa con Debussy a la espalda y un montón de fotografías en la mochila. Me las enseñaría. Estoy segura que serían retratos perfectos, de niños de comunión o de bandas de rock malditas.
Vendría Luis, tomaría un bocadillo de bacon y por fin hablaría del niño muerto, del dolor que le atenaza el alma y por eso come bacon y va de vacaciones a la playa. A cada momento lo recuerda aunque no diga nada a su mujer, porque lo que no se nombra no se siente. 
Beatriz llegaría sonriente, por fin había conseguido la plaza deseada. Y hablaríamos de los niños, de su futuro incierto, del trabajo innoble a los dieciseis años e intentaríamos que ahora no nos pasase lo mismo.
Incluso vendrían el psicologo y su esposa y Víctor y su sobrina. Un poco desequilibrados sí, pero interesantes también. 
Y al final entre llamaradas, llegaría él con sus finas maneras y su mujer del brazo. El escándalo de la fiesta. Vamos que si pudiese me los llevaría a todos porque me he trasladado a vivencias cotidianas, a seres que no conozco pero que cada día me cruzo con ellos, nos miramos a los ojos y seguimos nuestras vidas. Vidas cotidianas. Sabores cercanos.

miércoles, 16 de mayo de 2012

A Sangre y Fuego

" El pueblo no sabía hacer la guerra. Los mejores se hacían matar estérilmente; los demás tiraban los fusiles y huían por Andalucía y Extremadura, primero, por toda Castilla la Nueva después; se repetía el patético espectáculo de voluntad impotente de un pueblo que se lanzaba a la lucha armada en campo abierto sin disciplina y sin jefes; es decir condenado al fracaso".

Manuel Chaves Nogales escribo estos nueve relatos sobre la Guerra Civil Española en Francia, en 1937, una vez exiliado. Abandonó España al tiempo que el gobierno abandonó Madrid y desde su experiencia como periodista nos narra estos relatos. Relatos como el  título dice,  sobre héroes, bestias y mártires de España. Relatos de guerra y destrucción.  De lucha, de tipos que se juegan la vida por ideas o simplemente por que es lo que tienen que hacer. Historias de milicianos que hacen sacas en las cárceles de Madrid. Historias de Nacionales que patrullan por los campos de Andalucía. De marroquíes que luchan en un país que no es el suyo. Lucha y muerte en una guerra civil de la que no se salva nadie. Todos son culpables, todos llevan a su espalda crímenes execrables. En estos relatos no se salva nadie, salvo quizá Bigornia, un gigante anarquista que junto con un ruso es capaz de romper con un solo carro de combate el frente nacional. Chaves Nogales nos enseña la guerra que ha vivido y eso es algo a su favor, y nos lo enseña desde su alma republicana pero muy crítica con los suyos, con las milicias que siembran terror, con los comités de empresa que marcan la vida de trabajadores que igual no tenían las mismas ideas, con las guerrillas de milicianos que sembraron de terror el levante. Y también muy críticos con los otros, con los falangistas que en la sierra de Andalucía cazaban literalmente obreros, con la utilización del Tercio de regulares a manos de los falangistas. 
Supongo que ser crítico con uno y con otro le ha valido no ser reconocido por nadie, pero a mí me ha interesado, ha espoleado mi imaginación, me ha hecho poner carne y piel a una historia que a veces conozco solo en el esqueleto de fechas y cifras. Poner piel a cifras siempre es necesario, sentir el aliento en la nuca y comprender la historia desde el punto de vista del protagonista fuera de los datos fríos. La intrahistoria se asoma desde las páginas de " A Sangre y Fuego".

jueves, 10 de mayo de 2012

Por qué el mundo funciona perfectamente sin mí

"Las historias que contamos son como bloques de apartamentos. Cuando terminamos nuestro relato damos un paso atrás para comprobar su resistencia a los elementos y ver si destaca en el skyline compuesto por otros miles de historias."

Con Joost Vandecasteele (pronúncielo lector, y sonría) el skyline se llena de futuros posibles: de apocalipsis conocidos; de centros comerciales con habitantes en su cielo, colgados frente a los escaparates; de edificios sin salida; de escritoras capaces de mandar a tomar por el culo su vida; de jóvenes que extirpan a Dios del cuerpo de una chica encima de la colcha de una cama cualquiera, que comen patatas fritas y cuentan historias de padres ausentes; de mujeres que se hacen adultas de la mano de otra; de Berridita con Peter de la mano huyendo de la prima-novia; de las sectas alzándose contra el poder; de lo que somos o lo que seremos. 
Debería haberlo leído a la sombra de un kiosco de la once en un centro comercial, es el libro perfecto para ello, para leer entre luces y anuncios, con insistente música comercial en los oídos. Lástima, aquí no hay centro comercial, así que he decidido seguirlo por los lugares que más se le asemejan en la pequeña ciudad que ocupo y me ocupa, en medio de un supermercado entre cervezas y vodka. Incluso he pensado elevar una propuesta al ayuntamiento para que en el próximo centro comercial hagan un par de apartamentos y dejen leer dentro "Por qué el mundo funciona perfectamente sin mí". 
Lamento comunicarles que no he podido -todavía- extirpar a Dios de nadie. Y es que estas cuestiones de desterrar demonios nunca me han gustado demasiado. 
Luego he decidido enterrarme en un edificio de apartamentos. Hay uno muy cuco al final del paseo. He llegado provista de cinta doble cara para pegar las puertas, pero un vecino me ha echado de allí, de mala leche, eso sí, he podido soltar tres o cuatro perros que me he encontrado por la calle para que sepan lo que es huir de una dentellada mortífera. No son caniches pero creo que al autor no le importará está interpretación. 
Finalmente he decidido como un protagonista -no he llegado a saber en cuantos cuentos sale, he creído que en casi todos- hacerme trabajador de un call center. Mierda. Cerraron el último hace dos meses. Así que me he comprado uno de esos horribles inalámbricos y he llamado a números aleatorios durante un par de horas; no sabía que venderles, así que les he ido leyendo trocitos del libro, los que a mí mas me han gustado. A uno, ayer le dije: " Los ciclos climáticos se han ido al carajo, desquiciando el proceso de nuestra libido, que ya no se sabe si viene o si va". Acto seguido me ha pedido mi  messenger y si tengo webcam. ¡Horror!. Dejé de hacer llamadas nocturnas, pero creo que me he metido bastante en el personaje. 

Ahora usted, si ha llegado hasta el final, ya sabe, vaya a un centro comercial y robe el libro. Sí es un libro perfecto para ser robado y comience a leerlo entre el puesto de calzoncillos y aquel que intenta venderle la luna.

lunes, 7 de mayo de 2012

Historia de un alemán


"Todos los baluartes habían caído, era imposible cualquier tipo de resistencia colectiva y la oposición individual era una mera forma de suicidio. Nos habían perseguido hasta llegar a las últimos recovecos de nuestra vida privada, en todos los ámbito reinaba un estado de desbandada, una huida confusa de la que no sabía dónde iba a terminar."

Sebastian Haffner escribió en  Historia de un alemán, sus memorias, sus vivencias en Alemania desde 1914 hasta 1933. Llegar a libros de este tipo no es sencillo, fundamentalmente porque se esconden fuera de las listas de más vendidos o de novedades.  Yo he llegado a él desde las páginas de "Niños feroces". Apunté tres o cuatro y éste ha sido el primero en llegar a mi retina. Lo he cogido con ansia, sabiendo que esa época histórica me seduce y esperando respuestas a mis preguntas, sobre todo a saber por qué se produjo el apoyo del pueblo alemán a un tipo como Hitler.  Y lo mejor del libro es que he logrado entreverlo. Y me he asustado. Primero por la descripción pormenorizada de la primera guerra mundial vista desde los ojos de un niño de siete años, como creció con una terrible crisis económica, como sufrió la depreciación de la moneda hora tras hora, hasta que en la calma surgió en nazismo como reacción al socialismo y el miedo al comunismo ruso. Y como un pequeño burgués en esa Alemania o estaba con los nazis o se exponía a marcharse de ella o acabar en un campo de concentración y eso hasta 1933 cuando la segunda guerra mundial todavía no había comenzado. Y luego ha venido mi susto, ver la evolución de las masas en las votaciones recientes, como sube la extrema derecha, como parece que los únicos que van a poder salvar nuestros muebles son ellos, como eso también paso en Alemania dónde muchos pensaban que el mal menor eran los nazis, que ellos les salvarían de la crisis económica y del terror rojo que se alzaba en Rusia. Y cómo ahora, muchos de los que votan piensan también que alguien va a salvarles, y por esa salvación serían capaces de aceptar cualquier cosa, cualquier recorte, cualquier quiebra de derecho. Qué importa, pensarán mientras a mi me den un plato caliente y la posibilidad de poder seguir con mi negocio, mientras me den seguridad económica. Y en aras de esa seguridad económica en Alemania en la década de los 30 toleraron lo intolerable, y lo peor es que creo que la mayoría lo sabían. Por eso Haffner se marchó a París. Sólo espero que en el futuro sepamos leer la historia y no deslumbrarnos ante cualquier salvador. 

viernes, 27 de abril de 2012

Niños feroces




"Nada temía, porque tampoco tenía de la guerra otra oportunidad de ir a devolver el golpe y la visita que el comunismo soviético les había hecho a los suyos poco antes. Era joven, se sentía invulnerable, y si por un azar caía, pues se iría, como decía la canción, y nada habría que llorar ni lamentar. Llorando y lamentandose había estado hasta entonces. Ahora podía empezar la lucha, la vida"


Enfrentarse a Niños feroces es sencillo y complicado. Sencillo porque es un libro de lectura rápida en el que un profesor de un taller literario le cede una historia fascinante a un joven, la historia de uno de aquellos que fueron con la división azul y luego volvieron a Berlín a formar parte de los batallones que defendieron hasta el final la ciudad. Formó parte de un batallón de las SS mandados por Ezquerra. Pero también es complicado porque uno empatiza con los "malos". Es curiosa la ambivalencia al leer la historia que Lorenzo Silva presenta y es curioso por eso, porque te demuestra que aquellos que lucharon bajo las balas soviéticas eran hombres, aunque en cierto modo representen para nosotros el mal absoluto. 
Es un libro valiente y no solo por hacerte meter en la piel de un divisionario azul sin demasiada ideología, sino también porque te narra un itinerario de novela en su interior, un taller de escritura, cómo documentarse, cómo hacer entrevistas a gentes que lucharon en Irak para comprender lo que sentiría alguien con un fusil en la mano. Historias que se entremezclan con la principal, con la lucha de un joven español al lado de los nazis. Y en esas historias paralelas, en esa documentación es dónde más he disfrutado, apuntando libros que luego leeré como "Historia de un alemán" de Haffner o "Pelando la cebolla" de Gunter Grass, y también con las reflexiones sobre conflictos actuales, sobre los conflictos pasados, sobre el honor incluso sobre los que ahora se saben perdedores pero no renuncian a unas ideas que les hicieron pasar la juventud entre bombas y bajo las trincheras.  Y he pensado en que no sabría que hacer si a mi me tocase vivir la historia como la vivieron ellos, e incluso si esta brutal crisis acabará en una guerra o no. Y al hilo de Niños feroces que he devorado en las noches como un caramelo amargo, he empezado historia de un alemán sabiendo de antemano que no va a decepcionarme, leyendo sobre hechos históricos que no lo parecen cuando suceden, que no cambian tu familia, tus convicciones pero que son capaces de revolucionar la historia y luego afectar a tu vida. Y he visto perfectamente a niños defender Berlín y he pensado en todos los niños que lucharon en la nuestra, gente que con diecisiete o dieciocho años luchaban igual sin saber bien lo que hacían, porque tenían que hacerlo, por que el valor era eso, salir de tu casa y ponerte a pegar tiros. 
Es una historia que deberíamos saber. Incluso la de nuestros divisionarios, una división fantasma que se perdió en las estepas rusas y a la que luego, cosas de la política, dieron la espalda.

jueves, 19 de abril de 2012

El Asesino Hipocondríaco


Eso es imposible, señor Blanstein, yo soy un hombre de moral kantiana. Inmanuel Kant decía que se obrase sólo de forma que se pudiera desear que todo el mundo actuase de ese mismo modo. Y a mí no me guastaría pagarle a un asesino profesional para que matase a alguien, y que se fuera con mi dinero a otra parte.


Me creo una mujer relativamente sana. Pero fue comenzar a leer El asesino hipocondríaco de Juan Jacinto Muñoz Rengel y empezar a sentir picazón por todo el cuerpo y lagrimear mis ojos. De inmediato fui a medirme la presión arterial. Pero carezco de ese tipo de instrumental en casa. Así que me conformé con la medición de mis latidos, 65 pulsaciones por minuto. Tampoco sé si eso es normal o no, pero me pareció que estaba bien y seguí leyendo. Y creo que la risa me ha subido la presión arterial y las pulsaciones. Pero nada malo, al contrario, si se deciden a seguir a M.Y. estoy segura que acabarán también con la sonrisa en la boca y la carcajada en el estómago. 
Imaginen la novela un pobre asesino profesional con atacado por miles de enfermedades, un espasmo profesional que le impide estrangular a su víctima, pequeños microsueños que le fallan en el momento en que pretende echar involuntariamente un veneno en la copa de la víctima. Un tipo peculiar. Acosado por la muerte y vivir matando. Introducirse en la mente del asesino profesional ya me parece algo original, pero encima hablar de las dolencias que lo acosan comparándolas con las enfermedades de literatos como Voltaire, Byron o Tolstói me parece sublime. Y al leerlo he comprendido que Juan Jacinto Muñoz Rengel además de un tipo original es un autor estupendo. Te lleva de la mano, te coloca en situaciones hilarantes y su asesino al final te parece un señor estupendo, de esos que no te importaría fuesen los encargados de matarte a tí. Por mucho que sea un tipo de moral kantiana te gustaría que fuese el encargado de asesinarte, si llega el caso.
Busquen el libro. Agarren las letras y dejénlas correr entre sus ojos. Sonrían. Y después agradezcan al autor las buenas horas que nos hace pasar



sábado, 7 de abril de 2012

Réquiem por un campesino español


-¿Pero tú crees que sin guardia civil se podría sujetar a la gente? Hay mucha maldad en el mundo.
-No lo creo.
-¿Y la gente de las cuevas?
-En lugar de traer guardia civil, se podían quitar las cuevas, Mosén Millán.


Réquiem por un campesino español es una novela del aragonés Ramón J. Sender. Nació en Chalamera, Huesca en febrero de 1901 y falleció en el exilio en San Diego en 1982. Conocer la vida de Sender permite en parte conocer su obra. O viceversa. Su obra, Crónicas del Alba o Réquiem por ejemplo, son fiel reflejo de su vida. 
La novela con el nombre de Mosén Millán se publicó en México en 1953 y no es hasta en 1960 cuando toma su nombre actual. La novela, cortita, es un hilo de disquisiciones del cura en la misa de Réquiem por Paco , el del Molino. Recorremos desde la memoria de Mosén Millán la vida de Paco. Y en él nos encontramos a un héroe trágico, sabemos de su muerte desde el principio, ligada a la contienda civil en España y a través de sus ojos vemos su idealismo, las ganas de cambio en la República, la situación política de un pueblo. Algo que quizá Sender vivió en sus carnes, que le contaron, que sufrió en el campo de concentración en el que fue recluido al final de la guerra. 
Conocer al autor es conocer la obra en este caso.Y conociendo las ideas de Sender, su marcha al exilio, su implicación republicana puede uno ver la novela con otros ojos, entender la critica a la Iglesia, las tribulaciones y arrepentimientos de Mosén Millán, la culpa cercana, las ideas por debajo de la humanidad. Y en el fondo fue eso la guerra, no tanto las ideas como las traiciones, no tanto el hacer algo porque creías en ello sino tomar un bando por tu nombre y morir por él, de forma estúpida, quizá. O simplemente ser traicionado por alguien que crees que jamás te traicionará y el traidor no toma conciencia de lo que va a pasar. Es algo que sucedió, es algo que nos cuenta Sender con melancolía, incluso con cariño. Y es en sus líneas en las que descubres una historia cercana, triste y creíble. Cuando lo leí por primera vez no sabía nada de la guerra civil, ahora, cuando el tiempo ha pasado sé mucho más. Pero no por eso deja de enternecerme esta historia, conocida, sesgada, pero tan real en mis ojos como cuando lo leí con dieciocho años. 
Supongo que casi todos la conocen, pero no está mal recuperarla. Entender a Mosén Millán, su orgullo también, y ver desde sus ojos la vida del campesino antes de la República y después, durante la guerra. Ver que siempre hay gente que saca tajada porque saben moverse con unos y otros. Y descubrir que las revoluciones como decía el gatopardo suceden para que todo siga igual.

martes, 3 de abril de 2012

Malas Influencias

"Saqué mis folios manuscritos y pasados a limpio tras mil reescrituras. Libres de tachaduras y borrones. A solas, me sentía orgulloso de ellos. Frente a Sylvia, me avergonzaba de tanta pulcritud."


Uno, a veces sin quererlo se ve influido por malos pensamientos. Ya saben, discute con su mujer o su marido y piensa en matarlo. O se encuentra con el poeta adorado y sin darse cuenta le ayuda a sus planes de suicidio. O se lía con una chica y acaba recibiendo llamadas oscuras desde el baño del despacho, supongo que escuchará también en el baño...O espera sentado en cualquier motel de carretera envuelto en la bandera de la república, la confederada, no sean mal pensados. O se cuelga del último bohemio sin saber bien qué hacer con él, o que hacer con su propia vida. O se siente diva mientras se depila hasta el último pelo de las piernas. O se sabe citado para la muerte, y acude a ella.
Esto son malas influencias por mucho que usted piense que son magníficos relatos, que también. Pero al leerlo, uno no deja de pensar en lo bueno que es. Porque usted, querido lector, y yo misma, hemos tenido tentaciones de esas, no disimule mirando para otro lado, y al final hemos dejado todo en un pequeña discusión o no hemos acudido a la llamada de la muerte, a la cita maldita, porque usted y yo, querido lector, no dejamos de ser cobardes y tristes y pasamos las noches leyendo quizá soñando con malas influencias o vidas remotas y acabamos cocinando la misma sopa aguada, tomando la misma ensalada insulsa o soñando en la duermevela con historias desconocidas, de esas que a veces te arañan un poco, te hacen estremecerte ligeramente bajo las mantas mientras el frío aprieta fuera. 
Yo al leer a veces me dejo influir por otros, en este caso por Sergio del Molino y sus malas influencias, historias cotidianas que no comunes. Once historias, psiquiatras desquiciados, hermanas de terroristas esquizofrénicos, el abuelo con la herida en la espalda, la reflexión: " En algún sitio leí que solo los traidores y los traicionados reciben disparos por detrás. Quiero que el abuelo sea un traidor". Y me he parado en cada uno de ellos.  Las he recibido a manos llenas. 
Y es lo bueno de leer, recibir otras historias, malas o buenas influencias, soñar en sus letras, ver con sus ojos, mirar los espacios en blanco, cerrar el libro y seguir soñando. Eso nos pasa, a nosotros ,a los que leemos. El resto quizá solo vean dibujos de influencias en los libros.